Nuestros deseos, nuestro interés propio, no nos abandonan tan fácilmente, esto es debido a nuestra relación con ellos, nuestra conexión con estos apegos ha permanecido por mucho tiempo, nacimiento tras nacimiento. Por ende, no es posible abandonarlos tan fácilmente, ellos no nos dejan en paz tan fácilmente, debido a los miles de millones de años que hemos estado en este ciclo.