Estamos tan absortos en Maya, en nuestras dolorosas vidas materiales, que ni siquiera podemos pensar en abandonarlas. Solo nos importa el dinero, la comida, la ropa y dormir; incluso los perros, las cabras, los cerdos y los gatos viven así. Pero lo que deberíamos estar haciendo es servir al Señor y cantar su Santo Nombre.